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traiciones de la memoria: héctor abad faciolince

Posted in JABOLANCIAS by jabola on 17 abril, 2010

Escribir sobre la memoria, o sobre su cruz que es el olvido -dos personas distintas del mismo dios verdadero-, es como escribir sobre la entropía, que ya escribiendo sobre ella hacemos  que aumente, sólo pensar en ella ya no es la que era, es más, mayor, es otra; dicho sea con permiso de Theilhard de Chardin, claro. También es de aplicación para la memoria y el olvido el principio de incertidumbre según el  cual la posición del observador, su mera presencia, influye en lo observado o dicho más físicamente, conocida la velocidad de un apartícula nunca conoceré con certeza la cantidad de movimiento, es decir la masa, su masa. O sea que lo recordado depende del recordador, no de lo recordado, y  es modificado al recordar  en un eterno reciclar recuerdo-realidad; es el “Quidquid recipitur ….” escolástico aplicado al recuerdo.

La memoria, el olvido, el olvido que seremos, de eso trata esta entrada del blog. Fino problema.

El monte mayor del mundo, la cordillera mayor, es el monte del olvido, un monte que crece, crece y crece. Y sigue creciendo, siempre y sin solución de continuidad, que en eso es el olvido idéntico a la entropía. Además de las dos cruces de Carmelo Larrea, en el monte del olvido están clavadas y sembradas todas las esperanzas, amores, saberes, quimeras e ilusiones de toda la humanidad que ha sido y, como el monte del olvido es ampliable siempre, de la  que será. Así es el monte del olvido, infinito, eterno, imperecedero. Y de entre sus sombras surgen jirones de niebla luminosa que es la memoria, las memorias. La eterna dualidad. Ganará el olvido, no hace falta ser muy listo para saberlo. Mejor: nos ganará el olvido, el olvido que seremos. Un sabio amigo mío, uno es muy tonto pero por suerte tiene amigos sabios, suele decir que si la imaginación es la loca de la casa, la memoria es la tramposa de la casa y que, al igual que la verdad, es muy peligrosa y que hay que tener mucho cuidado con ella, hay que manejarla con exquisitez, pues puede herir más que un bisturí en manos de un indocto, de un loco. La jodida memoria.

Ya somos el olvido que seremos…

El padre de Héctor Abad Faciolince cuando lo asesinan en Medellín llevaba, manuscrito,  en un bolsillo de su pantalón el poema que así empieza y que se atribuye a Borges, por tal lo tenía el doctor Héctor Abad Gómez (Jericó-Antioquía 1921- Medellín 1987.) El poema, de título “Aquí.Hoy”, dice así:

Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres y que no veremos.
Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el término, la caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los ritos de la muerte y las endechas.
No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre;
pienso con esperanza en aquel hombre
que no sabrá que fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo,
esta meditación es un consuelo.

Pasados unos años del asesinato de su padre, Héctor Abad Faciolince escribe un bello libro lleno de amor y de ternura y escrito en un bello y limpio castellano que se tituló, año 2005, El olvido que seremos utilizando, como se ve, parte del primer verso del poema borgiano, entonces supuestamente borgiano. El libro, que he recomendado por activa y por pasiva a mis amistades, tuvo en su día una buena crítica y acogida. Y vuelvo a hacerlo: leed  El olvido que seremos. El libro es sencillamente un homenaje y un recuerdo al padre muerto, una indagación sobre la humanidad del padre trágicamente ido. Es eso pero es mucho más, como los buenos libros, que  “son eso y mucho más.”

Ahora H.A.F en una vuelta de tuerca más a la memoria, a esa mentirosa de la casa, retoma el poema manuscrito y copiado por su padre y hace una ardua investigación, detectivesca a ratos y entretenida siempre, del poema, de sus derroteros, de cómo llegó hasta su padre, de sus manipuladores, de sus transcriptores; demuestra H.A.F la superficialidad, supina ignorancia y pretenciosidad de los así llamados expertos en Borges, profesores de mucho fuste, eso sí, incluida la ínclita viuda, la Kodama, que han negado por activa y por pasiva la autoría del poema. Esa trama, y su urdimbre, del rescate de la memoria del poema es el primer relato de título Un poema en el bolsillo del libro que hoy vengo a recomendar aquí y que ha editado Alfaguara este año con  el título Traiciones de la Memoria. Dos relatos cortos más  Un camino equivocado y Ex futuros completan este libro de Héctor Abad Faciolince que no me recato de recomendar al personal. Excelentes relatos, un castellano limpio y ágil, de fácil lectura, si bien, he de decirlo también, desigual a ratos.

Para acabar y para que podáis abrir boca os corto-pego el prólogo del libro. Sigue:

Cuando uno sufre de esa forma tan peculiar de la brutalidad que es la mala memoria, el pasado tiene una consistencia casi tan irreal como el futuro. Si miro hacia atrás y trato de recordar los hechos que he vívido, los pasos que me han traído hoy hasta aquí, nunca estoy completamente seguro de si estoy rememorando o inventando. Cuando vivimos las cosas, en ese tiempo «durante» que llamamos presente, con ese peso devastador que tiene la realidad inmediata, todo parece trivial y consistente y duro como una mesa o un taburete; en cambio, cuando pasa el tiempo, las patas de ese taburete se rompen o se pierden, el asiento se dobla, el espaldar se deforma, el respaldo es devorado por el comején, y las cosas terminan siendo tan irreales como ese objeto definido una vez maravillosamente por Lichtenberg: «Un cuchillo sin hoja al que le falta el mango». ¿Qué objeto es ese? Un objeto que puede existir tan solo en las palabras, una cosa que no se puede mostrar, pero una cosa que ustedes pueden ver en esa frase: «Un cuchillo sin hoja al que le falta el mango». Eso es el pasado casi siempre, algo que ya no es y de lo cual solo nos queda el rastro de las palabras.

Lo ya ocurrido y lo que está por venir, en mi cabeza, son apenas conjeturas. Los relatos autobiográficos que componen este libro tienen esa consistencia mixta: o la paciente reconstrucción por indicios de un pasado que ya no se recuerda bien ( “Un poema en el bolsillo” y “Un camino equivocado”), o el asombro ante un futuro que quizás ya no seremos nunca (”Ex futuros”). Estos relatos aparecieron inicialmente -en versiones más cortas y rudimentarias-en las siguientes publicaciones periódicas: Granta, El Malpensante, Letras Libres y El Espectador. Aquí están corregidos, menos incompletos, y, en algunos casos, con el material visual que me ayudó a rescatarlos de la confusión y de la desmemoria.

Otro día sigo escribiendo sobre la memoria, sobre el olvido, sobre ese desleimiento de la conciencia que ocurre sólo con el paso de los años y que tan notable y presente se hace a mi edad. Y no sólo es un problema personal pues es también un fenómeno social, el olvido colectivo: voluntario y culpable muchas veces, zascandil y acomodaticio las más. Tranquilos pues, que hay para escribir un ciento de entradas sobre todo ello.

Os dejo el enlace de la Corporación colombiana que lleva el nombre del asesinado Héctor  Abad Gómez en la que encontraréis interesantes enlaces y podréis oír en la voz del muerto el recitado del poema que ha dado lugar a todos estos escritos:  ….La mojada/tarde me trae la voz, la voz deseada,/de mi padre que vuelve y que no ha muerto. Otra vez Borges dixit, en voz que no ha muerto. Qué cosas. Oíd ese poema recitado por un asesinado en 1987 y que llevaba el poema -manuscrito- en su bolsillo el día de su trágica muerte. A mí me ha estremecido y conmovido la audición.

Enlace que se cita: Corporación Archivo Sonoro

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