jabola y su cuaderno, el blog del bolo o el boloblog sideral

la fe carbonaria y la vacuna de la gripe A

Posted in JABOLANCIAS by jabola on 19 noviembre, 2009

Hoy he tenido un acto que implica tener una fe carbonaria: ¡Me he vacunado contra la gripe A! Porque fe carbonaria es creer en las autoridades, sean las que fueren, y más en el caso de las autoridades sanitarias do se mezcla la fe gubernativa con la fe medicinal. Ahí es nada.

Uno, que es muy analítico y racional, ha decidido hacer “un pelillos a la mar” y  ¡hale!, se ha ido a vacunar, considerando su doble condición de corazonista y sesentón. Y aquí estoy con un ligero escozor, el escorcor aragonés, en mi brazo derecho.

Desde que en el invierno/primavera de este año se montó aquel cifostio monumental en México por lo de la “gripe porcina”, las mascarillas, el milenio, la epidemia y la pandemia, nos han venido acojonando a más y mejor con la puñeterísima gripe. Yo, a su vez,  he ido recopilando más y más información y he leído mucho sobre el asunto. Sé desde el principio el problema de las vacunas en el año 1976 en EEUU, los muertos e incapacitados habidos, las controvertidas opiniones de muchos profesionales, el peseterismo de las farmacéuticas, las internacionales, no las boticarias, coño, y un larguísimo etcétera. Pues bien lo que finalmente me ha decidido a ponerme la vacuna ha sido el rechazo frontal de la clase médica, así llamada, a la tal vacuna. “Los médicos no se la ponen”, es una frase que se corre como la pólvora aquí y allí. Y ello me ha decido a ponérmela yo pues aplico la vieja frase que dice: “Los médicos saben mucho pero ignoran mucho más”, y si ellos no se la ponen, la vacuna, es que será buena. Claro que quizás la pruebas mejor con gaseosa y no en mi brazo. Fe carbonaria, ya se dijo.

Y aquí me tenéis con la vacuna puesta. Ya sabéis: Si me da un Guillain-Barré, me entra el moquillo o muero inconfeso,  os vais al Insalud por derecho y le dais dos hostias de mi parte a la señora ministra, la tita Trini, la de las mechas, y rezáis aquello ya conocido de “Dale el señor el descanso eterno y brille sobre él la luz perpetua. Amén” Y como darme otras dos hostias a mí no valdrá ya para nada, poned sobre mi tumba el epitafio: ¡Murió por enterado y sabihondo y por querer saber más que los médicos. Que se joda!

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