jabola y su cuaderno, el blog del bolo o el boloblog sideral

la abogada Zoubaida Barik y el juez Bermúdez: sobre disfraces

Posted in JABOLANCIAS by jabola on 11 noviembre, 2009

Habréis leído hoy que una abogada musulmana fue expulsada de una sala de la Audiencia Nacional por llevar el pelo cubierto con un pañuelo. El juez Javier Gómez Bermúdez consideró que con esa prenda sobre la cabeza no podía ejercer su labor de letrada. Añade la noticia que la letrada, de origen marroquí y nacionalidad española, ha elevado queja ante el CGPJ y ha pedido el amparo de su colegio profesional.

Uno se queda perplejo ante este tipo de noticias. Resulta que un señor que lleva un ropón de la época de los reyes godos, con sus puñetas y su canesú, con insignias que más parezcan huevos fritos sobre el pecho le llama la atención por vestimenta inadecuada a una señora que va tan estrafalaria como él y, además, con un pañuelo sobre la cabeza ¡y la expulsa! Manda huevos que diría el infausto Trillo.

Todo es cuestión de medida, un poco más, algo menos………….. Y así en el Reino Unido se ponen peluca, allí dobles puñetas: en definitiva que el ropón, ridículo siempre, viste al rey, que sin ropón sería poco o nada. No me voy a poner pesado ni abundaré pero es evidente que para las liturgias los sacerdotes se han de disfrazar no tanto como respeto al dios si no para distancia y temor del pueblo al que se dice servir. Y es sorprendente y curioso que instituciones que están alejadas siglos luz del pueblo al que dicen servir, la iglesia y la justicia, necesiten del disfraz y de ropones ridículos para el ejercicio de su oficio. Y no sólo eso sino que son hasta rigoristas en los ropones y encuentran herejes por doquier: mitra sí, pañuelo no, alba sí, chilaba no.

Como anécdota diré que en los años sesenta tenía yo una compañera de curso que era monja y que llevaba puesto, entonces era obligado, siempre el hábito de color gris, de amplios vuelos y una toca sobre la cabeza del mismo color. Era la época de la vida universitaria en la que se empezaban cambiar muchas cosas y entre ellas la manera de vestir de la juventud: se dejó de ir a clase con corbata, llegaron los vaqueros y los pelos largos, etc. La monja era oblata y tenía el convento muy cerca de mi casa y mi relación con ella fue curiosa: intensa al principio, tibia en el centro y fría la final. Contaré el porqué. En el primer curso en el que coincidimos subíamos y bajábamos a la facultad en el mismo tranvía razón por la que era normal que yo la dejara, al paso, en su convento: ella era para mí una mujer “vieja”, andaría por los 25/30 años, y no había otra razón que el puro compañerismo y la coincidencia de trayectos en el acompañamiento. Un día, colorada como una granada mora, me dijo que en fin ella era monja, reverenda madre oblata, y que la superiora le había dicho que no estaba bien ver a una monja “siempre” con el mismo chico, etc. Y así, claro, se acabaron los acompañamientos lo que me vino muy bien pues me ahorré bastantes billetes de tranvía, que por cierto costaban 0,60 pesetas equivalentes a un tercio de céntimo de euro actual. María, así se llamaba la R.M. Oblata (que se dedicaban a “recuperar mujeres descarriadas”) y yo seguimos teniendo la relación normal de compañeros de curso y transcurridos unos años aquel deshabillé dicho más arriba en la ropa de los universitarios fue haciéndose más y más contundente y un día la Oblata María armándose de valor me reconvino y me dijo que parecía mentira que asistiese a clase de esas guisas, con pelo tan largo, anorak, etc. Me lo puso a huevo la pobre María: le retruqué y reconvine a su vez diciéndole que si se miraba en el espejo al salir del convento y que para rara, rara, de vestimenta ella que iba de siglo 18, con la cabeza siempre cubierta y que después de varios años juntos aún nunca le había visto el perfil del pecho que suponía abundoso por el volumen desalojado y que yo iba vestido de gente de mi edad, sin más y que se aplicara ella al cuento. Allí, en ese instante, se enfriaron las relaciones y hasta hoy, tan ricamente, oye.

Siempre viene bien un latinajo que éso le da mucho pelegrín a lo escrito y aquí  viene como anillo al dedo el viejo aforismo escolástico que dice: Quidquid recipitur, ad modum recipientis recípitur.

Eso es lo que se merecía el juez Gómez Bermúdez que le hubiera dicho la buena de la abogada Zubaida Barik Edidi, la musulmana expulsada por llevar pañuelo: Don Javier ¿usted se ha visto en el espejo?

Y donde las dan las toman, y callar es bueno.

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2 comentarios

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  1. subava said, on 14 noviembre, 2009 at 5:09 pm

    Leimos ,si Señor Javola y acordamos mi abrigo de paño ,mi gorro de lana y yo que el juez Bermudez es un capullo .

    ¡ Disfrutemos del día hasta que otro imbecil nos lo arruine!

  2. subava said, on 14 noviembre, 2009 at 8:43 pm

    P.D: Interesante blog Sr Jabola .aunque …..he de decir….. que pone de manifiesto un excesivo interés por los que visten sotana , muy en consonancia , es verdad, con sus abundantes referencias a los autores biblicos.
    También queda muy claro su republicanismo.
    Si… salvo esos matices ….un lugar ,el suyo,donde se leen cosas interesantes.


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