jabola y su cuaderno, el blog del bolo o el boloblog sideral

conferencia sobre “eutanasia y suicidio asistido”, zaragoza 18-jun-09

Posted in de GORDONKLY by jabola on 19 junio, 2009

Por mi ausencia de Zaragoza ayer, pedí al gran GORDONKLY, habitual opinador y colaborador del boloblog y al que suponía interesado en la conferencia sobre Eutanasia y Suicidio Asistido (ved post de 15-06-09), que prepara una recensión de la misma. Aquí sigue tal y como me la manda GORDONKLY, al que agradezco, se pagará en vino clarete fresco, su colaboración.

Salud Jabola.

Prometido deuda est, así que te hago reporte de lo acaecido esta tarde en el Paraninfo. Haz con él lo que te parezca, aunque es un chorizo de impresión.

Tres cuartos de entrada, aceptable pero insuficiente dada la importancia del tema. Público asistente y “asientente”, es decir, entregado a la causa y sin espíritu de debate, sino más bien de reafirmación. Como sucede en estos casos, cuando se nos calienta la boca y nos queremos lanzar a la pregunta y la revuelta se nos echa el tiempo encima (funcionarial cierre a las 21,00) y nos quedamos todos un poco interruptus. Pero estuvo bien mientras duró.

Estructura del asunto: intervenciones previas (15-20 minutos) de los invitados y luego turno de preguntas.

Abrió el fuego Luis Montes, el represaliado médico de Leganés. Recordó que en España se mueren 380.000 personas al año y que la mayoría mueren mal. Los médico ven la muerte como un fracaso y, por tanto, como un proceso ajeno a su propia labor. Montes explicó que el “éxito” de los nuevos tratamientos preventivos y paliativos tiene como grave derivada una dilatada prolongación de la vida con mucho sufrimiento del paciente.

Insistió en la mala relación médico-enfermo cuando se ha superado el umbral de lo recuperable: el doctor tiende a quitarse de en medio dejando la transición hacia la muerte para el personal de enfermería, que muchas veces sufre en exceso tanto el abandono del médico como la exigencia del enfermo y de quienes le rodean.

Montes explicó muy claramente la diferencia entre suicidio asistido y eutanasia, siendo para esta última la colaboración necesaria de una segunda persona. En cualquier caso, defendió ambas como derecho fundamental.

Finalizó el de Leganés desglosando algunas de las “asignaturas pendientes” que los médicos tendrán que abordar en el futuro inmediato, a saber:

– Diferenciar claramente la eutanasia del verbo “matar”. De hecho, matizó con cierta poesía que no es lo mismo “dar muerte” que “dar la muerte”. En este caso, se trataría de dar algo “que ya va a suceder inevitablemente” y convertirlo en un altruista acto de amor.

-“Permitir” la muerte, sin transformarla en su contrario, un encarnizado mantenimiento del sufrimiento.

– Acompañar la muerte. Universalizar la sedación sin abandonar a pacientes ni familiares.

– Evitar el paternalismo en la relación médico-paciente.

Luis Gracia, jurista, explicó la situación legal de la eutanasia en España. Diferenció tres supuestos:

– Eutanasia directa: actos que tienden de modo directo a producir la muerte.

– Eutanasia indirecta: se suministra al enfermo terminal medicación para paliar sufrimiento, aún a riesgo de que dicha medicación pueda adelantar el hecho de la muerte.

– Eutanasia pasiva: no se inicia (o se interrumpe) el tratamiento que podría alargar la vida de un enfermo terminal.

Tal y como interpreta Gracia el Código Penal vigente (1995), y en concreto su artículo 143, en España están claramente despenalizadas las eutanasias indirecta y pasiva. Sí estaría penalizada la eutanasia directa o activa.

Posteriormente, el jurista pasó a analizar diferentes situaciones que pueden darse en la relación médico-paciente terminal.

Así, si el médico se niega a sedar a un paciente que sufre situación terminal, aquel incurre en un posible delito de lesiones por omisión, “El médico -afirma- es responsable, garante, del enfermo y de su dignidad en el proceso de morir”.

En la situación inversa, es decir, que el paciente no quiera sedación y ésta sea administrada por el médico, Gracia estima que éste no incurriría en delito, ya que no llegaría nunca a poderse demostrar que se ha llegado a una eutanasia directa, sino, como mucho, indirecta. Y se impondría siempre la dignidad del paciente frente a cualquier otra consideración.

En ese sentido, otro supuesto comentado fue el del paciente que no tiene capacidad de expresarse. “Erróneamente, se recurre de forma habitual al criterio de los familiares. En este caso, frente al artículo 9.3 de la Ley de Autonomía del Paciente (que apela al consentimiento de quien represente al enfermo), se ha de imponer el 9.5, que se refiere a favorecer siempre la dignidad y el interés del paciente.

La filósofa Margarita Boladeras cerró las intervenciones recordando la escasa dotación de medios en cuidados paliativos de la Sanidad española. Y, en todo caso, echa de menos una mayor atención sobre las facilidades de cara a la eutanasia.

Las últimas publicaciones en materia filosófica sobre la eutanasia tienden, explicó, a no hacer tanta matización entre los tipos de eutanasia. Para ella, eutanasia ha de ser siempre una actitud voluntaria del paciente, que es quien lo debe solicitar. El resto de casos deberían estudiarse de manera aislada y separada. Ésta es, según dijo, la actitud que están tomando en zonas como Países Bajos y Bálticos, donde llevan ya 30 años debatiendo profundamente sobre estos temas. Boladeras citó a Francis Bacon, quien reclamaba a los médicos “que atiendan mejor el sufrimiento de sus pacientes”. Lamentablemente, y tal y como ya afirmó el doctor Montes, en las tareas médicas suele imponerse la técnica frente al tratamiento al paciente como ente global, humanizado.

La profesora catalana apeló a la “ética de la compasión”. Y recordó que la palabra ética existe gracias precisamente, a la capacidad de reconocimiento recíproco entre los seres humanos. También habló de la “autonomía” como una capacidad básica de las personas, un derecho a decidir que ha de ser irrenunciable.

Pero también recordó que cada persona, haciendo uso precisamente de esa autonomía personal, se forja su particular sentido de la dignidad. Y, a veces, el sentido de la dignidad de algunas personas no coincide con el nuestro, y no por ello debemos dejar de respetarlo.

Tras estas intervenciones vino el turno de preguntas. Lo más destacado, una enfermera que incidió en el excesivo paternalismo de ciertos médicos respecto a los enfermos. Situación de la que son cómplices, en muchas ocasiones, los propios familiares: enfermos operados de cáncer a los que se oculta esa realidad. Ese paternalismo (a veces también prepotencia en el caso de los médicos) se torna dolor e incomunicación en el enfermo, que se entera finalmente de lo que padece pero que no habla del tema porque sabe que a su familia le duele, lo que le provoca a él aún más dolor.

Tuvo su gracia la filósofa, en su respuesta, cuando indicó que “la bioética podría ayudar mucho en este asunto, pero claro: la gente no va por ahí apuntándose a cursos de bioética”. De manera algo ingenua, afirmó que los periódicos tendrían que colaborar en la difusión de los derechos del paciente.

Fue acotada por Montes, quien afirmó rotundo que “es una tarea pedagógica y política de primer orden. Es una obligación moral del Estado hacer sabedor al paciente de sus derechos fundamentales”.

Se habló también de la objeción de conciencia a la que apelan algunos médicos. La “manga ancha” con la que se da rienda suelta a esta “excusa” es excesiva, a juzgar por todos los ponentes. La objeción, llevada al absurdo, acabaría con el Estado de Derecho, ya que podríamos acabar objetando a cualquier cosa, desde pagar impuestos a respetar los semáforos.

Para no enrollarme más, finalizo con un chiste contado con cierta gracia por el jurista Luis Gracia, a propósito de si es delito o no la eutanasia y de los “objetores de conciencia” que apelan a la susodicha para joder al resto:

Un ateo se muere y, justo en ese momento, se entera de que, en realidad, el infierno existe. Y él va de cabeza. Pero resulta que el infierno es cojonudo. Es una vida placentera, llena de la dignidad que no consiguió en su vida terrena. Sin embargo, un día descubre, en un rincón, un pasillo lúgubre y siniestro del que surgían llantos y ruidos de sufrimiento. “¿Y ésto que és, Satanás?” “Pues es el infierno de los católicos, porque ellos se empeñaron en que fuera así”.

Gracia terminó proclamando la necesidad de dar “el paso moral, ético y político necesario para legalizar la eutanasia activa con todas las garantías para el paciente, para su familia y para el personal sanitario”.

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