jabola y su cuaderno, el blog del bolo o el boloblog sideral

¡toca amargura! y ¡planica, planica, pónsela planica!

Posted in JABOLANCIAS by jabola on 2 mayo, 2009

Como mi pequeño homenaje, y recuerdo, al desaparecido y gran crítico taurino Joaquín Vidal sigo leyendo en El País las crónicas de las ferias y fiestas taurinas más importantes. La reseña taurina ha sido tradicionalmente un semillero de excelente cronistas y Joaquín Vidal es un ejemplo señero de ello. Gran cronista taurino, y gran escritor, son inolvidables muchas de sus críticas no sólo por lo que en ellas  se decía, sino por cómo las escribía J.V., ya que su castellano y su manera de escribir críticas taurinas eran exquisitos platos de buen idioma y literatura; con ironía y rigor se pasó los últimos años de su vida clamando en el desierto sobre el callejón sin salida al que se estaba llevando a la Fiesta Nacional, callejón lleno de mafias, de mangantes y gentes sin ningún escrúpulo ni decencia.   En ello siguen ahondando y agravando la herida los llamado “taurinos”.

Así que leyendo el pasado día 27 de abril la crónica de la corrida del día anterior en la Feria de Sevilla, firmada por Antonio Lorca,  me hizo mucha gracia ya el titular ¡Toca Amargura! que fue el grito de un anónimo espectador le dirigió al director de la banda ante el despropósito de toros que estaban saliendo en esa corrida. Amarguras, con ese final, popularmente parece haber perdido ya la ese, es una de las músicas que se tocan en la Semana Santa sevillana y que pasa por el himno-marcha, sin serlo, de dicha semana y que expresa el dolor y las amarguras de los protagonistas de la Pasión, Cristo y Virgen en primer plano. Me imagino la situación: un toro moribundo en mitad de una faena y un casta sevillano, harto de tanto despropósito y de tanto desmán, lanza ese grito que expresa mejor que mil conferencias el estado agónico al que ha llegado el espectáculo de los toros por la sinvergonzonería rampante de los, así llamados, “taurinos”.

En los toros los gritos de las gentes forman parte del espectáculo y de la misma fiesta y más de un silbido oportuno, o un aplauso, han decidido castigos o premios y hay que reconocer que hay gente que tiene autentica gracia y que un comentario o grito  llegan a conectar con todo el sentir de la plaza. Así, recuerdo que en una corrida de mediados los noventa estaba un maestro toreando (creo recordar perfectamente quien era pero para la anécdota da igual quien fuera) en los terrenos del seis, plaza de Zaragoza, y andaba el indino  metiendo pico de un modo descarado con una monumental muleta, tamaño tienda de campaña de seis plazas, toreando en lo que se da en llamar de “allá para allá”; en medio del silencio de la faena salió del propio tendido seis una voz anónima que dijo: “planica, planica, pónsela planica”, refiriéndose, claro, a la monumental muleta y exigiendo que dejara de meter pico. Descojono general y mirada furibunda del pinturero al tendido a la vez que se pintó  claramente en sus labios un “me cago en tu padre”, o similar.  Un sólo decir, ese del “planica”,  desmontó el engañabobos que pretendía perpetrar aquel día el postinero de turno y al que dolió el grito pues lo dejó con el culo aire y de ahí su insulto. Nunca olvidaré, olvidaremos unos cuantos, el “planica, planica, pónsela planica”, dicho con acento aragonés cerrado. Por supuesto que no le puso la muleta planica al toro, no sabía, o no podía, o no quería,  y siguió metiendo pico pero ya con la rechifla y silbidos del personal.

Hacia  los toros he tenido desde siempre un sentimiento contradictorio personal y muy íntimo, sentimiento que sigo llevando en los adentros y que, como siempre, sigue sin resolverse. El espectáculo cruel y bárbaro, que lo es, se contrapone al sentimiento y al arte y a la conexión casi telúrica que se siente a veces en los toros con lo mágico y la naturaleza; diré que en los toros he tenido un sentimiento estético y de emoción comparable con los que he sentido en un concierto de música, en el teatro, con un bello poema, etc., es decir carne de gallina e hiperestesia. Así de sencillo y así de claro y si se me toma por un bárbaro que se me tome, pero es lo que hay; he de decir que eso ha sucedido en pocas ocasiones y que el resto del tiempo en los toros ha sido estar con la cuadrilla de amigos y hacer risas, lo que tampoco está mal, dicho sea de paso. Pero sin el pellizco del arte, para lo que es imprescindible ver toros boyantes y en buen estado cosa cada día mas rara, las risas con los amigos se pueden hacer en cualquier sitio y  además mucho más barato pues los toros han sido siempre, siempre, muy caros.

Siendo un espectáculo tan caro alguien se podrá preguntar cómo me inicié yo, tan inmensamente pobre, en semejante afición. Es muy sencillo, de jovencito y al principio de los años sesenta y gracias al pase permanente en el palco de autoridades, manda huevos, del padre de  un amigo mío fui muchas veces a ver corridas de toros y especialmente novilladas, o sea de gorra y por la cara, o de gañote, o de tifus total, afición que abandoné a uña de caballo cuando desapareció el pase famoso y ya no pude ir por la jeró, pues  en aquella época yo andaba endémicamente mas tieso que un regle (¡¡¿y cuando no?!!). Por otro lado los toros, olían, y huelen todavía, a derechona y a España cañí y rancia y en aquellos tiempos había que concentrarse en otras prioridades, es decir que, haciendo de la necesidad virtud y militancia, me olvidé durante unos años de los toros.

Pasados unos pocos, unos quince del abandono y ya gloriosamente fenecido el impresentable Patas Cortas, e influido por unos buenos amigos, volví a ir a corridas de toros durante la feria, corridas sueltas al principio y, reenganchado al gusanillo, sacándome abonos por temporadas completas después, y siempre en sol, claro, que la norma de la tiesura de regle la seguía, y sigo, conservando y con estricta observancia. EL Chispita, Eduardo, Jesús, el inolvidable Pepito “el Tío” y otros me envenenaron de nuevo y me enseñaron, o recordaron, lo poco que sé, o que no sé, del mundillo del toro. Y digo del toro porque estas gentes, muchos ya muertos, ay, eran viejos aficionados “toristas” es decir que lo primero, y casi único, que pedían es que por toriles saliera un toro de verdad y no una albóndiga con cuernos que es lo que sale casi siempre, se contentaban sólo con eso y si encima de salir un toro se ponía allí enfrente un tío bragado que le daba lo suyo y por su sitio al animal pues entonces el asunto era ya la rehostia, que así de sencillo era el asunto del toro para ellos; a sensu contrario, cuando  sale una albóndiga con cuernos, la mayor parte de las veces, y por muy pinturero y aflamencado que se ponga el supuesto torero aquello se les volvía ridículo y desagradable y por ello pasé muchas pedazos de corridas, o corridas casi enteras,  con ellos en La Bodeguilla de la propia plaza y  en cuanto se veía que el encaste de la corrida era malo: ¡Al bar!, soltaba furibundo cualquiera de ellos cuando los toros eran fuleros a su entender. El Tío era especialmente exigente en la pureza del toro y recuerdo la inolvidable anécdota en una corrida de feria en la que justo a nuestra espalda estaba sentado un andoba que se partía las manos de aplaudir y se calentaba la boca con los ¡ole! durante la  faena de un pinturero con un deshecho de tienta; hay que decir aquí que El Tío era algo tartaja y que harto de tanto aplauso se volvió hacia el pelma y le espetó alto y claro: –Yyyy  uuustedddd quééé coooño aaappppplauuude, idiota. Lo de idiota le salió perfecto y a la primera. Se lo merecía el tontolaba aquel, se le estuvo muy bien lo que Pepito le dijo, al que por cierto el interpelado no contestó, debió de ver peligro y no dijo ni tus. Chitón y sin aplaudir ad cautelam.

Pasados más años hicimos colla con Angel, Miguel, Josemari, Raimundo, Fleta y otras gentes que ahora non recuerdo y hasta llegamos a tener nombre no registrado como Peña ¡Ya vale! y en una feria nos hicimos, un saludo Valero, una pancarta científica que decía: PEÑA YA VALE: ¡QUEREMOS TOROS! y que colgábamos en el tendido seis, aunque de nada nos sirvió pues ya se había abierto ya la veda de la albóndiga cornuda, años llevaba ya abierta,  y siguieron saliendo mansos y descastados como por un tubo y en esas sigue, y aún peor,  la Fiesta Nacional. Con el paso del tiempo y las muertes de algunos componentes de la peña, los desengaños, la vida que une y la vida que separa, la propia carestía del espectáculo y, sobre todas las cosas, la absoluta desvergüenza con la que los llamados “taurinos” manejan el cotarro ha hecho que toda nuestra peña-cuadrilla se haya ausentado de los toros que poco a poco se va convirtiendo en un espectáculo indigno y degradante, de tal modo que la contradicción interna del espectáculo, crueldad gratuita con los animales que sólo desde el arte, y con el arte, se puede rebatir, aumente y haga que hoy por hoy los toros sean, de seguir así, algo que debemos combatir y llegado el caso suprimir.

Todo este rollo ha venido a cuento del ¡Toca Amargura! que tanta gracia me hizo al leerlo y que ha removido mis vieja afición taurina  y que impúdicamente  aquí cuento. Si quieres recordar como suena Amarguras aplasta aquí, allá tú, a tu suerte y ventura. La composición es de los años veinte del siglo pasado y se debe a un tal Font, de los Font de toda la vida, ya sabes; dicen los entendidos, lo enterados, que hay una versión dirigida por Antón G. Abril, aragonés mira tú por dónde, y con la Filarmónica de Londres que está muy requetebién. La buscaré y la que aquí pongo es de la Banda de Música de Alcalá de Guadaira; la página web que me presta tanta aparente sabiduría  es la que enlaza aquí.

El Enlace a la crónica de Antonio Lorca, El País  27/04/2009, es este, que se complementa muy bien con esta otra crónica del mismo autor del 29/04/2009 y que llamó “Una lágrima por la Maestranza”, que se enlaza aquí. Te recomiendo la lectura de ambas.

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5 comentarios

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  1. Curro Jalón said, on 3 mayo, 2009 at 7:28 pm

    El afamado diestro era Manuel Caballero. La respuesta exacta, en toño desdeñoso y burlón, fue un prolongado “hijo puuuta”, mirando al tendido mientras le enjaretaba al bicho un pase de desprecio. La circunstancia especial es que el espada se casaba al día siguiente y, logicamente, pensaba en otras lidias.

  2. jabola said, on 4 mayo, 2009 at 12:22 am

    Exacto, ese es el autor del exabrupto: el torero de Albacete Manuel Caballero. Lo de que se casaba al día siguiente eso o no lo sabía o no lo recuerdo yo. Claro que usted dilecto maestro Curro Jalón -“matador de toros fracasado”-de esto de la torería, y de la vida chunga en general, sabe lo suyo. Aún nos estamos riendo con el “planica, planica, pónsela planica,” que usted estaba allí de testigo, viejo camastrón. Lo de ¡toca amargura!, también es fino. ¡Suerte maestro!

  3. la plata said, on 17 agosto, 2012 at 1:59 am

    También yo leía por puro placer las crónicas taurinas de Joaquín Vidal, a quien sigo echando en falta. Alejada del mundo taurino y de su específico y rico lenguaje, tengo una pregunta, a ver si me puedes ayudar.
    ” las madres …” ¿Se emplea esa expresión para hablar de los pitones, las astas, los cuernos…?
    Gracias

  4. jabola said, on 17 agosto, 2012 at 10:08 am

    Inés: No tengo el Cossío a mano, está en los cuarteles de invierno, pero a mi no me suena eso de las Madres tomado por la cuerna del animal. Sí La Cuna. Pero, ya digo, no tengo seguridad con lo de Las Madres. La Madre que mece La Cuna. Le preguntaré a Angelotti que es, además del asombro de Triana, una enciclopedia con patas y una memoria enferma rodante. Aquí se miden 28 grados de los de Celsius, alas 10.07h del 17 de agosto de 2012. Laus Deo.

  5. la plata said, on 24 agosto, 2012 at 10:28 am

    A ver si en los cuarteles de invierno aparecen unas madres amenazadoras 🙂 No sé de donde lo he sacado, porque no lo encuentro…pero me sigue diciendo algo. Quizás era una expresión que le oía a mi padre , o es el calor…
    Gracias…


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