jabola y su cuaderno, el blog del bolo o el boloblog sideral

momento proustiano -2-

Posted in JABOLANCIAS by jabola on 4 febrero, 2009

Otro momento proustiano, o prustiano, a elegir.

Escribía yo el día 06.12.08 un entradilla con el título “pequeño tamborilero prustiano” a raíz de la escucha de una melodía. Como se ve que yo de joven comía las magdalenas por bolsas enteras hoy he tenido otro retroceso proustiano.

Leía hoy, 04.02.2009, en El País apartado Sociedad, la entrevista a un joven que se ha pasado casi toda su infancia  y juventud de Centro de Protección en Centro de protección. Dicha entrevista surge a raíz de la denuncia del Defensor del Menor de las malas condiciones, y el maltrato a los internados, de los Centros de Protección, especialmente en determinadas Autonomías. Avanzando en la entrevista me encuentro con la siguiente declaración del joven Juan Gabriel Juárez, copio textual: “Y desde el principio los educadores te dejan las cosas claras: “Si yo te digo que es de noche, aunque sea de día, para ti es de noche” Leer la frase y ¡zas! golpetazo al hipotálamo, casi me caigo al suelo y tengo un transporte proustiano. Ahí sigue.

Año 1966, meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre, es decir el sucedido es de ayer por la tarde, o así. El caso es que estaba yo haciendo el campamento de la mili, dictaba en pleno furor el general Patas Cortas en esa época; por cierto que hacía un frío en aquel sitio inmundo de tres mil demonios, no había agua caliente nunca y allí la higiene era un acto digno de un masoca. Bueno, que me desvío y luego me dice el Gordonix, fino censor, que me alargo hasta aburrir. En el sitio aquel, que visto desde el ahora es como onírico de lo puro irreal que era todo, teníamos además de la instrucción, derecha, izquierda, de frente ¡ar!, unas clases dizque “teóricas” y una de ellas se denominaba “tiro”. ¡Ahí es nada, teórica de tiro, año 1966! Se daba la jodidísima clase en un helador barracón y nos poníamos arrebujaditos sentados en el gélido suelo de cemento, a pesar de las aromancias, con el fin de no pasar demasiado frío; el profesor de la cosa era un teniente de artillería, chusquero él, cuellicorto, abotargado y con el mapa de la Rioja en las mejillas consecuencia de los cientos de cántaros de tinto trasegados en las interminables horas de cantina de un cuartel. Durante la clase normalmente nos agrupábamos al máximo, por aquello del frío, y cada uno se entregaba en un discreto duermevela a sus quimeras y fantasías sin hacer el más mínimo caso de lo que allí se decía, pasando por alto el montón de dislates del cuellicorto profesor. Pues bien, estaba un día el teniente chusquero explicando conceptos elementales de física sobre el tiro recto, oblicuo, etc. y la física elemental se convertía en la boca de aquel Leibniz de cantina en pura y surrealista patafísica; y el caso es que, enredado en su verbo ignorante, afirmó que la tangente de 45 grados era de valor cero.  Normalmente ése hubiera sido un dislate más pasado en silente desprecio, pero, siempre hay un pero, una voz que surgió a mi derecha, a la vez que emergía un cuerpo joven y viril y en posición de firmes, afirmó clara y alta:

          ¡Mi teniente, eso es imposible pues la tangente de 45 grados tiene valor uno y no cero como usted dice!

Despertar general, y todos mirando hacia Jesús, el atrevido contradictor y a la sazón licenciado en Ciencias Exactas; se conoce que un impulso descartiano le hizo saltar sin haberlo ni querido ni pretendido, pero el mal ya estaba hecho. Al del mapa de la Rioja se le unieron los mapas de Cariñena y Valdepeñas tal era el color grana de su cara, de un rojo encendido, pero no por la ignorancia, no, si no por la ira. Con voz tonante afirmó:

          ¡Muy listos que son se piensan ustedes “los universitarios”, muy listos! Habrá usted de saber que la tangente de 45 grados es de valor igual a cero. ¡Si lo sabré yo que soy teniente de Artillería, que somos los que sabemos de tiro!

Sacó entonces un sucio pañuelo, todo arrugado y amarillento del bolsillo y extendiendo aquel miserable gurruño afirmó mostrándolo a la sobresaltada tropa, es decir a todos nosotros:

          ¡Además han de saber ustedes que cuando el mando dice que este pañuelo es negro, y ustedes lo ven como yo blanco, para ustedes es negro. Y sin dudarlo. Y hemos acabado. Y usted déme su número y nombre, por listo!

Descojono general por lo bajini. Y ése es el momento proustiano; comparad las frase que le decían al pobre Juan Gabriel con la que nos hizo en su severa admonición aquel procer de la balística. No son textuales, pero son exactas.

Así que cuando leo, oigo, me dicen una sandez de ese tipo me vienen dos pensamientos a la cabeza:

El primero: Que el mando cuando usa esos argumentos nunca tiene la razón.

El segundo: ¡Que le den por el culo al mando!

El primer pensar es certero y el segundo es imprescindible, necesario y liberador.  Amén.

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Una respuesta

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  1. Josita said, on 16 febrero, 2009 at 8:07 pm

    Oiga, menuda risotada he soltado cuando he leido: “Al del mapa de la Rioja se le unieron los mapas de Cariñena y Valdepeñas tal era el color grana de su cara…” Y Muy buenas las conclusiones, para no olvidar, todavía en este país se pueden poner en práctica aunque hayan pasado 42 años…


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